
El criterio principal es la fluidez espacial. Organizar el espacio interior huyendo de la compartimentación rígida. Dejando que el programa se desarrolle dentro y fuera, donde los límites son difusos, y se cuenta con espacios ambiguos semi-cubiertos y semi-cerrados.
Este fluir invita al dinamismo. La casa se recorre se juega. Y para ello se aportan referencias: los muros lineales te dirigen, la escala del espacio principal te retiene, y en los puntos singulares se enmarca el paisaje, se contempla y te hipnotiza.
Está pensada, para ser realmente versátil. Se compone de tres piezas, la mayor de todas, que además constituye la espina central, puede albergar hasta seis personas y tiene piscina; la segunda tiene capacidad para cuatro, y la menor, para dos.
Para habitarla se escoge el puzzle, una parte, o el todo. Hay varias combinaciones, y todas garantizan una completa dotación interior y exterior, una correcta articulación del programa, e independencia del resto.
Puede ocuparse simultáneamente por distintos grupos, o acoger a un gran grupo en toda ella.
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